"El pasado viernes 10 de julio recibí de manos del doctor Jorge Asjana David su Programa de Gestión 2026-2030. A partir de hoy inicio un intento de lectura crítica y un análisis de su contenido."


"Toda transformación comienza por reconocer la realidad; un diagnóstico honesto vale más que un centenar de promesas sin fundamento."
Por José Espinal Marcelo | Vértice crítico.
El diagnóstico como punto de partida del cambio en la UASD.
Por José Espinal Marcelo | Vértice crítico.
En toda contienda electoral abundan las promesas. Se anuncian transformaciones profundas, se proclaman reformas estructurales y se ofrecen soluciones inmediatas para problemas acumulados durante décadas. Sin embargo, una gestión verdaderamente estratégica no comienza con un listado de compromisos, sino con una comprensión rigurosa de la realidad que pretende transformar. Ese es, precisamente, uno de los aspectos que distingue el inicio del Programa de Gestión 2026-2030 del nuevo rector de la UASD, doctor Jorge Asjana David.
El documento no abre con un inventario de obras ni con un discurso de campaña. Comienza donde debe iniciar todo ejercicio serio de planificación, en el diagnóstico. Antes de hablar del futuro de la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD), el programa se detiene a interpretar la coyuntura política, económica, social, cultural y educativa del país, para luego descender al análisis de la propia institución.
Esta decisión metodológica merece destacarse. La planificación estratégica moderna sostiene que ningún proceso de transformación puede construirse sobre percepciones subjetivas o consignas políticas; requiere identificar fortalezas, debilidades, oportunidades y amenazas. En ese sentido, el programa se distancia del tradicional voluntarismo electoral y procura fundamentar sus futuras propuestas en un análisis de contexto.
El documento reconoce que la República Dominicana atraviesa un escenario marcado por demandas crecientes de transparencia, eficiencia institucional y participación ciudadana. Asimismo, identifica desafíos estructurales como la desigualdad social, el clientelismo, las tensiones migratorias, la sostenibilidad ambiental y la necesidad de fortalecer la democracia. Al incorporar estos elementos, el programa asume una premisa fundamental: la UASD no existe al margen del país, sino que constituye una de sus principales instituciones de pensamiento y movilidad social.
Particular relevancia adquiere el análisis del sistema de educación superior. El diagnóstico describe un escenario caracterizado por insuficiente producción científica, limitada internacionalización, baja inversión en investigación, escasa vinculación entre universidad y aparato productivo, así como dificultades en materia de calidad, financiamiento y pertinencia académica. No se trata únicamente de señalar problemas de la UASD, sino de reconocer limitaciones estructurales que afectan al conjunto del sistema universitario nacional.
Cuando el documento dirige la mirada hacia la universidad estatal, el análisis se vuelve aún más autocrítico. Reconoce restricciones presupuestarias persistentes, procesos administrativos burocráticos, débil digitalización, limitaciones en investigación, desigualdades entre recintos, baja articulación entre docencia, investigación y extensión, así como conflictos internos que han condicionado históricamente la gobernabilidad universitaria. Resulta significativo que estas debilidades sean planteadas sin eufemismos, pues reconocer los problemas constituye el primer paso para resolverlos.
No obstante, todo diagnóstico también debe ser objeto de análisis crítico. Precisamente porque identifica un amplio conjunto de desafíos, el documento deja abierta una interrogante esencial: ¿cuáles serán las prioridades de la nueva gestión? Enumerar problemas constituye un ejercicio necesario, pero gobernar implica establecer jerarquías, definir tiempos, asignar recursos y fijar indicadores verificables. En esta primera parte del programa aún no analizo esos instrumentos, por lo que en entregas futuras observaremos la forma en que los ejes programáticos convierten este diagnóstico en políticas públicas universitarias concretas.
Existe, además, otro aspecto digno de reflexión. El programa presenta una visión de universidad estrechamente vinculada al desarrollo nacional, la equidad territorial, la producción científica y la innovación. Esa perspectiva coincide con las tendencias contemporáneas de la educación superior latinoamericana, donde las universidades públicas son llamadas a convertirse en actores estratégicos del desarrollo económico, social y cultural. Sin embargo, esa aspiración exigirá superar inercias institucionales profundamente arraigadas, fortalecer la autonomía universitaria y garantizar un financiamiento compatible con los objetivos planteados.
En definitiva, el balance inicial del Programa de Gestión 2026-2030 ofrece una impresión favorable desde el punto de vista metodológico. Antes que vender certezas, intenta comprender la complejidad del escenario heredado por la nueva administración. Esa decisión fortalece la credibilidad del documento, aunque también eleva el nivel de exigencia sobre la gestión que recién inicia.
Los diagnósticos no transforman las instituciones. Pero permiten conocerla, que unido a la capacidad del equipo que dirige, un buen diagnóstico facilita decisiones acertadas, políticas coherentes y resultados verificables. Ese es, sin duda, el propósito del rector Jorge Asjana David durante el período 2026-2030.
Parte I. Continuará…





































