Séptima entrega del análisis del Programa de Gestión 2026-2030 del rector Jorge Asjana David.
Por José Espinal Marcelo | Vértice crítico.
Existe una frase que suele repetirse cuando se habla de la Universidad Autónoma de Santo Domingo: la UASD es la universidad del pueblo. Sin embargo, esa afirmación adquiere un verdadero significado únicamente cuando cada dominicano, sin importar el lugar donde viva, puede acceder a una educación superior con la misma calidad, los mismos recursos y las mismas oportunidades.

Ese es precisamente el desafío que aborda el eje Descentralización Universitaria del Programa de Gestión 2026-2030 del doctor Jorge Asjana David. Más que una propuesta administrativa, constituye una reflexión sobre el modelo de universidad que necesita la República Dominicana en un contexto marcado por profundas desigualdades territoriales.
El documento define con claridad su propósito estratégico, fortalecer la autonomía operativa y la capacidad de gestión de los recintos y centros regionales, impulsando planes regionales, inversiones descentralizadas y una mayor participación local en la toma de decisiones.
La propuesta merece una lectura detenida porque toca uno de los problemas históricos de la universidad dominicana.
Durante décadas, la UASD ha realizado un enorme esfuerzo por expandirse territorialmente. Hoy posee una presencia nacional que ninguna otra universidad pública ha logrado construir. Sin embargo, esa expansión física no siempre ha estado acompañada por una verdadera descentralización de las decisiones, de los recursos y de las capacidades institucionales.
En muchos casos, los centros regionales continúan dependiendo excesivamente de la sede central para resolver procesos académicos, administrativos y financieros. Esa situación genera lentitud, burocracia y respuestas poco adaptadas a las realidades de cada territorio.
El programa reconoce esa limitación y plantea una transformación importante.
No propone únicamente abrir nuevos recintos. Propone algo mucho más complejo, dotarlos de autonomía administrativa, académica y financiera, fortaleciendo simultáneamente sus capacidades institucionales para garantizar una gestión eficiente y responsable. La descentralización, sostiene el documento, debe permitir que cada recinto responda con mayor eficacia a las demandas de su entorno sin perder la unidad institucional de la universidad.
Desde una perspectiva de gestión pública, este enfoque resulta acertado.
Las grandes organizaciones contemporáneas funcionan cada vez menos bajo esquemas excesivamente centralizados. La velocidad de los cambios sociales exige estructuras flexibles, capaces de tomar decisiones cerca de donde surgen los problemas.
En el caso de la UASD, esto adquiere una dimensión aún mayor.
Las necesidades de Montecristi no son idénticas a las de Barahona. Las prioridades académicas de Higüey difieren de las de Santiago. Las dinámicas productivas de San Juan no coinciden con las de Puerto Plata. Pretender administrar esa diversidad desde una única lógica centralizada termina limitando la capacidad de respuesta institucional.
Por ello, uno de los aspectos más sólidos del programa consiste en vincular la descentralización con el desarrollo regional.
El documento plantea que la oferta académica debe responder a las potencialidades económicas, sociales y culturales de cada territorio, promoviendo programas pertinentes que fortalezcan el mercado laboral, impulsen el desarrollo sostenible y favorezcan el arraigo del talento humano en las distintas regiones del país.
Aquí aparece una idea particularmente valiosa.
La descentralización deja de ser un asunto administrativo para convertirse en una estrategia de desarrollo nacional.
Cuando una universidad adapta su oferta educativa a las características productivas de cada región, deja de formar profesionales para la migración y comienza a formar profesionales para transformar sus propios territorios.
Ese cambio de paradigma puede tener efectos muy positivos.
Una universidad regionalmente pertinente puede contribuir al fortalecimiento de las economías locales, estimular la innovación, apoyar a los gobiernos municipales, asesorar a los sectores productivos y generar investigaciones orientadas a resolver problemas específicos de cada comunidad.
No obstante, la descentralización también implica riesgos que no deben ignorarse.
El primero consiste en confundir autonomía con fragmentación institucional.
La UASD posee una identidad académica única que debe preservarse. Otorgar mayores competencias a los recintos no puede traducirse en estándares distintos de calidad, evaluaciones diferentes o políticas académicas contradictorias. La descentralización debe fortalecer la unidad institucional, no debilitarla.
El segundo desafío es financiero.
La autonomía requiere recursos suficientes.
No basta con transferir responsabilidades si no se transfieren simultáneamente presupuestos, personal calificado, infraestructura tecnológica y capacidad operativa. De lo contrario, la descentralización corre el riesgo de convertirse únicamente en una redistribución de problemas.
En este sentido, el programa acierta al incorporar la necesidad de garantizar una distribución equitativa de los recursos humanos, financieros y materiales, sustentada en criterios objetivos y transparentes que reduzcan las brechas entre los distintos espacios universitarios.
Otro elemento especialmente relevante es la apuesta por una gobernanza participativa.
El documento propone establecer mecanismos permanentes de consulta, seguimiento y rendición de cuentas que permitan a las comunidades universitarias locales participar activamente en las decisiones sobre el funcionamiento de sus respectivos recintos.
Este aspecto posee una enorme importancia democrática.
Una descentralización auténtica no consiste únicamente en mover oficinas fuera de Santo Domingo. Consiste en distribuir poder institucional.
Y distribuir poder significa escuchar más, consultar más y confiar más en las capacidades de quienes gestionan diariamente la universidad en cada territorio.

Quizá el mayor aporte conceptual de este eje sea entender que la descentralización no representa un privilegio para los centros regionales.
Representa un derecho de los estudiantes.
Porque un joven que estudia en Mao, San Francisco de Macorís, Bonao, Nagua o Santiago debe tener acceso a oportunidades académicas semejantes a las disponibles en la sede central.
La igualdad territorial constituye, en esencia, una condición indispensable para garantizar el derecho a una educación superior pública de calidad.
El programa concluye con una frase que resume toda esta visión: "Cada recinto, centro y subcentro merece igualdad de oportunidades. Fortalecer la descentralización es reconocer la diversidad territorial y garantizar una UASD presente, fuerte y equitativa en todo el país."
Esa afirmación sintetiza uno de los mayores desafíos de la gestión universitaria contemporánea.
La UASD nació en Santo Domingo hace casi cinco siglos.
Pero su futuro dependerá de su capacidad para demostrar que pertenece, con la misma intensidad, a cada provincia, cada municipio y cada comunidad de la República Dominicana.
Porque una universidad verdaderamente nacional no se define por el lugar donde está su rectoría. Se define por la capacidad de hacer que cada rincón del país sienta que la universidad también le pertenece.







































