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INVESTIGAR PARA TRANSFORMAR: EL DESAFÍO DE CONVERTIR A LA UASD EN PRODUCTORA DE CONOCIMIENTO.

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Octava entrega | Programa de Gestión UASD 2026-2030 | Eje: Investigación e Innovación Tecnológica.

Por José Espinal Marcelo | Vértice Crítico.

Una universidad puede enseñar conocimientos producidos por otros durante décadas y continuar llamándose universidad. Pero difícilmente puede aspirar a ocupar un lugar relevante en el siglo XXI si no desarrolla capacidad propia para investigar, crear, innovar y convertir el conocimiento en respuestas concretas a los problemas de la sociedad.

Esta distinción resulta fundamental para examinar el octavo eje del Programa de Gestión 2026-2030 del rector de la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD), doctor Jorge Asjana David: Investigación e Innovación Tecnológica.

El planteamiento tiene una importancia estratégica. El programa propone como objetivo impulsar “la producción científica, la innovación tecnológica y la transferencia de conocimiento con impacto social”, esperando como resultados publicaciones, patentes, proyectos aplicados y una mayor vinculación con los sectores productivos.

No estamos, por tanto, ante un aspecto complementario de la gestión universitaria. Estamos ante una discusión sobre la naturaleza misma de la universidad que necesita la República Dominicana.

De universidad que transmite a universidad que produce conocimiento

Históricamente, una de las grandes fortalezas de la UASD ha sido democratizar el acceso al conocimiento y permitir que generaciones procedentes de sectores populares ingresen a la educación superior. Esa función continúa siendo indispensable.

Pero el nuevo escenario científico y tecnológico exige avanzar un peldaño más.

La universidad pública contemporánea no puede limitarse a reproducir conocimientos generados en universidades, centros científicos y laboratorios de otros países. Debe convertirse progresivamente en productora de conocimiento, capaz de estudiar su propia sociedad, identificar sus problemas y formular soluciones científicamente sustentadas.

Precisamente ahí encuentro uno de los mayores aciertos conceptuales de este eje: relacionar investigación con impacto social.

Investigar no puede convertirse simplemente en acumular artículos para mejorar indicadores institucionales. La investigación universitaria adquiere su dimensión más profunda cuando el conocimiento producido regresa a la sociedad que financia y sostiene la universidad.

Un fondo para investigar: condición necesaria, pero no suficiente.

Entre las propuestas centrales del programa figura la creación de un fondo institucional para financiar proyectos de investigación científica y humanística, sustentado en convocatorias transparentes, líneas estratégicas y apoyo técnico-administrativo a los investigadores. También se plantea fortalecer la gestión de proyectos internacionales y establecer alianzas con sectores públicos y privados.

Es una propuesta pertinente.

Uno de los principales obstáculos para investigar en las universidades públicas latinoamericanas ha sido precisamente la distancia entre la declaración institucional favorable a la ciencia y los recursos efectivamente destinados a producirla.

No existe investigación sostenida solamente con vocación.

Se necesitan laboratorios, bases de datos, bibliotecas actualizadas, infraestructura tecnológica, financiamiento, asistentes de investigación, movilidad académica y, sobre todo, tiempo institucional para investigar.

Aquí aparece un asunto que la futura gestión tendrá que enfrentar con particular cuidado, la investigación debe dejar de depender excesivamente del sacrificio individual del docente que investiga después de cumplir una elevada carga académica.

Si queremos investigadores, debemos construir las condiciones materiales para que puedan investigar.

Y el fondo propuesto debería evitar convertirse en otro mecanismo burocrático de distribución de recursos. Sus convocatorias tendrían que responder a criterios públicos, evaluación por pares, resultados verificables y rendición periódica de cuentas.

La transparencia científica también forma parte de la calidad académica.

Publicar no basta, hay que construir comunidades científicas

El programa plantea igualmente estimular la publicación en revistas indexadas, crear revistas científicas en las facultades, fortalecer la formación en redacción científica e integrar investigadores de la UASD a redes académicas nacionales e internacionales.

Es una dirección correcta, pero merece una precisión.

Una política científica universitaria no debería reducirse a incrementar el número de publicaciones. Una universidad puede aumentar considerablemente su producción bibliográfica sin que necesariamente haya desarrollado una verdadera cultura de investigación.

Lo determinante es construir comunidades científicas.

Eso significa grupos estables de investigadores, semilleros estudiantiles, líneas de investigación sostenidas durante años, programas de doctorado vinculados a proyectos reales, intercambio internacional, laboratorios interdisciplinarios y mecanismos para incorporar tempranamente a los estudiantes a la producción científica.

La investigación universitaria necesita continuidad.

Los grandes resultados científicos rara vez aparecen como consecuencia de proyectos aislados. Surgen de instituciones capaces de acumular conocimiento, experiencia y capacidades durante largos períodos.

Investigar los problemas que el país necesita resolver

Uno de los componentes que considero más valiosos del programa es la propuesta de orientar parte de la investigación hacia problemas nacionales y regionales.

El documento menciona políticas públicas, desarrollo comunitario, medio ambiente, salud, educación, igualdad de género, violencia y economía local, vinculando esta orientación con el desarrollo sostenible y la justicia social.

Aquí la UASD posee una ventaja extraordinaria.

Su presencia territorial le permite observar la República Dominicana desde lugares que muchas instituciones nacionales apenas alcanzan a estudiar.

Los recintos, centros,  subcentros y los egresados pueden convertirse en verdaderos observatorios científicos de los territorios.

Santiago puede investigar las transformaciones industriales, urbanas y ambientales del Cibao; San Juan, los sistemas agrícolas y la seguridad alimentaria; Barahona y otras provincias del Sur, las dinámicas fronterizas, costeras, turísticas y socioeconómicas; las regiones orientales pueden estudiar turismo, biodiversidad, migración y desarrollo urbano.

En ese punto, este octavo eje conecta directamente con el analizado en nuestra séptima entrega sobre descentralización universitaria.

Descentralizar también debe significar descentralizar la producción del conocimiento.

Una universidad verdaderamente nacional no investiga únicamente desde Santo Domingo los problemas de las provincias: desarrolla capacidad científica desde los propios territorios.

Innovar significa lograr que el conocimiento circule

El programa introduce además un concepto decisivo: transferencia de conocimiento.

Propone incubadoras de proyectos, oficinas de transferencia tecnológica y espacios de colaboración con empresas, gobiernos y organizaciones sociales, buscando convertir el saber universitario en soluciones aplicables.

Esta dimensión puede modificar profundamente la relación entre la UASD y la sociedad.

Durante demasiado tiempo, en muchas universidades latinoamericanas el conocimiento termina encerrado en tesis, bibliotecas o repositorios institucionales. Se investiga un problema, se presenta el documento, se obtiene una calificación o un grado académico y, frecuentemente, allí termina el recorrido.

La innovación comienza cuando el conocimiento sale del documento y entra en la realidad.

Una investigación agrícola puede convertirse en una técnica productiva. Una investigación informática, en una plataforma digital. Un estudio médico, en un protocolo sanitario. Una investigación educativa, en una política pública. Un proyecto de ingeniería, en una patente. Un estudio sociológico, económico o jurídico puede contribuir a modificar una legislación o mejorar una intervención estatal.

Ese tránsito entre conocimiento y transformación es precisamente lo que debería medir el éxito de esta política.

Innovación no significa subordinación al mercado

Sin embargo, existe una discusión que una universidad pública debe asumir críticamente.

Vincularse con los sectores productivos es necesario. Subordinar la agenda científica exclusivamente a las necesidades del mercado sería otra cosa.

La investigación universitaria posee una responsabilidad social más amplia.

Existen problemas fundamentales que probablemente nunca resulten comercialmente rentables: pobreza, exclusión, envejecimiento, violencia, derechos humanos, desarrollo rural, contaminación ambiental, cultura, filosofía, historia o fortalecimiento democrático.

Por eso resulta acertado que el programa incluya explícitamente tanto la investigación científica como la humanística.

Una universidad no puede confundir innovación con tecnología exclusivamente.

También existe innovación social, educativa, cultural, jurídica e institucional.

La tecnología transforma instrumentos; el conocimiento crítico también puede transformar sociedades.

Ciencia, tecnología y políticas públicas

El documento vincula este eje con la Política Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación, el PEI del MESCyT, la Estrategia Nacional de Desarrollo 2030 y los Objetivos de Desarrollo Sostenible 9 y 17. Además, dentro de las políticas transversales, coloca la innovación, la ciencia y la competitividad en relación con investigación aplicada, transferencia tecnológica y formación de capital humano altamente calificado.

La articulación es importante porque ninguna universidad pública puede construir aisladamente un ecosistema nacional de innovación.

Se necesita cooperación entre universidad, Estado, empresas, comunidades, organismos internacionales y sistema educativo.

Pero la UASD, por su historia, dimensión y condición de universidad estatal, posee una responsabilidad adicional: producir conocimiento que contribuya también a pensar el Estado y sus políticas públicas.

No solamente formar profesionales que ejecuten decisiones tomadas por otros, sino producir evidencia que ayude a decidir mejor.

El desafío está en la ejecución

Como hemos sostenido a lo largo de esta serie, un programa de gestión debe evaluarse primero por la orientación de sus propuestas, pero finalmente será juzgado por su capacidad de convertirlas en institucionalidad.

El eje de Investigación e Innovación Tecnológica posee elementos prometedores. Sin embargo, su éxito dependerá de preguntas muy concretas: ¿qué porcentaje del presupuesto universitario llegará realmente a investigación?, ¿cómo se seleccionarán los proyectos?, ¿qué papel tendrán los recintos y centros regionales?, ¿cómo se protegerá la propiedad intelectual?, ¿qué incentivos recibirán docentes y estudiantes?, ¿cómo se medirán los resultados?, ¿cuántas investigaciones terminarán convertidas en soluciones?

Estas preguntas no debilitan el programa.

Al contrario, ayudan a establecer los parámetros mediante los cuales la comunidad universitaria podrá evaluar su cumplimiento.

Una UASD que piense el futuro

En la página final dedicada a este eje, el programa sintetiza su filosofía afirmando que la investigación constituye el motor del conocimiento y la innovación su expresión concreta, planteando una universidad que investigue, innove y aporte soluciones a los desafíos científicos, sociales y productivos del país.

Ahí reside, probablemente, la cuestión esencial.

La UASD no necesita investigar para parecerse a otras universidades. Necesita investigar porque la República Dominicana necesita una universidad pública capaz de pensar científicamente sus propios problemas.

El verdadero salto cualitativo ocurrirá cuando investigar deje de ser una actividad periférica desarrollada por grupos particularmente comprometidos y pase a convertirse en una cultura transversal de la institución.

Cuando estudiantes investiguen junto a profesores.

Cuando los recintos produzcan conocimiento desde sus territorios.

Cuando las tesis encuentren caminos hacia las políticas públicas, las comunidades y los procesos productivos.

Cuando una patente, una investigación social, una innovación tecnológica o una propuesta científica nacida en la UASD pueda modificar concretamente la vida de las personas.

Porque una universidad pública no alcanza su mayor grandeza cuando acumula conocimiento.

La alcanza cuando produce conocimiento, lo democratiza y lo convierte en una fuerza para transformar la sociedad.

Continuará…

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