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Chavistas reunidos en Maracay llaman a una amplia unidad nacional y exigen un diálogo sin injerencia extranjera.

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Dirigentes y referentes procedentes de distintos estados suscribieron la “Declaración de Maracay”, un documento que plantea la defensa de la soberanía venezolana, reclama el manejo nacional de los recursos petroleros y propone articular una corriente política y social por la independencia y los derechos de los trabajadores.

Redacción internacional | Vértice crítico. 

Maracay, Venezuela. Un grupo de dirigentes y referentes vinculados al chavismo, procedentes de distintas regiones de Venezuela, hizo pública la denominada “Declaración de Maracay”, una carta abierta en la que convoca a construir una amplia articulación nacional en defensa de la soberanía, la Constitución y la independencia del país, al tiempo que demanda que cualquier proceso de diálogo político se desarrolle entre venezolanos y sin tutela extranjera.

El documento, fechado el 28 de julio de 2026 y suscrito en Maracay, estado Aragua, fue presentado coincidiendo con la conmemoración del nacimiento de Hugo Chávez. Sus firmantes reivindican a la ciudad como cuna del Movimiento Bolivariano Revolucionario 200 y colocan en el centro de su planteamiento la necesidad de reagrupar sectores políticos y sociales identificados con el proceso bolivariano.

La declaración formula tres ejes fundamentales: soberanía e independencia nacional; diálogo político amplio y transparente; y construcción de mecanismos de organización y participación popular en todo el territorio venezolano.

Soberanía y control de los recursos

En su primer punto, los firmantes consideran “imperiosa” la necesidad de articular esfuerzos alrededor de la defensa de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela y de lo que definen como la recuperación plena de la independencia nacional.

El pronunciamiento rechaza “cualquier forma de tutelaje o dominación” sobre Venezuela y reclama la recuperación del manejo soberano de recursos económicos provenientes de la venta de petróleo y otras fuentes de ingreso.

Según sostiene la declaración, parte de esos recursos se encuentra depositada en un fondo manejado por el Gobierno de Estados Unidos, situación que —de acuerdo con los suscriptores—, profundiza las dificultades económicas y sociales que afectan a las familias venezolanas.

Más allá de la denuncia, el planteamiento coloca la cuestión económica dentro de un debate político, quién administra los recursos nacionales y bajo qué condiciones Venezuela puede recuperar márgenes efectivos de soberanía económica.

Un diálogo “para los venezolanos y por los venezolanos”

El segundo eje se refiere al anunciado inicio de un proceso de diálogo a partir del 1 de agosto. Los firmantes reclaman que ese escenario sea “coherente, honesto y transparente” y que coloque por delante los intereses de las grandes mayorías.

La propuesta apuesta por un diálogo de amplitud nacional, con participación de los distintos factores políticos y sociales y orientado a construir una salida política y democrática a la situación que atraviesa Venezuela.

El documento introduce, sin embargo, una condición política explícita, que las negociaciones sean acordadas “entre los venezolanos, para los venezolanos y por los venezolanos”, sin injerencia extranjera.

Para los promotores de la declaración, un eventual entendimiento nacional debería trascender los acuerdos entre élites políticas y traducirse en la recuperación de condiciones económicas, sociales y políticas que permitan garantizar una vida digna a la población.

Una corriente nacional desde las bases

El tercer punto amplía el llamado hacia los sectores sociales y populares. La declaración convoca a los “actores patrióticos” a impulsar una corriente orgánica de opinión favorable a la independencia y a los derechos de trabajadores y trabajadoras.

La estrategia propuesta contempla la creación de mecanismos y plataformas de articulación y comunicación, así como la celebración de asambleas, encuentros y reuniones en estados y municipios.

Con ello, los firmantes parecen apostar por trasladar el debate sobre el futuro venezolano más allá de las estructuras partidarias y construir espacios territoriales de organización capaces de intervenir en la discusión política nacional.

“En esta hora la Patria clama por la unidad de sus mejores hijos e hijas”, sostiene el documento, que plantea como horizonte la construcción de “un gran proyecto nacional” articulado alrededor de los intereses del pueblo venezolano.

Figuras del chavismo entre los firmantes

La carta abierta está respaldada por más de una veintena de dirigentes y referentes. Entre los nombres que aparecen al pie del documento figuran Elías Jaua, Tony Boza, Miguel Mora, Walter Galindo, Reinaldo Iturriza, Julio Millán, Fernando Rivero, Francisco Hernández, María Alejandra Castillo, Orlando Sáenz, Jhonny Brito, Diogenes Andrade, Jesús Álvarez, Karla Bolívar, Celso Márquez y Aurora Morales, entre otros.

La diversidad de suscriptores confiere al pronunciamiento un carácter de convocatoria que busca trascender una organización particular. Su mensaje central se concentra en una palabra que atraviesa todo el texto: unidad.

La “Declaración de Maracay” concluye anunciando que sus promotores se mantienen en “actividad permanente” para alcanzar los objetivos planteados y refrenda el documento como “un símbolo de lucha”.

En un escenario venezolano atravesado por tensiones económicas, disputas políticas y presiones internacionales, la iniciativa abre un nuevo espacio de articulación dentro del campo bolivariano, uno que reivindica la herencia chavista, pero que coloca simultáneamente sobre la mesa la soberanía económica, los derechos sociales, la participación desde las bases y la necesidad de un acuerdo político de alcance nacional.

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