No hay inclusión posible cuando el derecho se convierte en turno, y el turno en espera interminable.

En República Dominicana, miles de niños y niñas con discapacidad (y sus familias), viven una forma silenciosa de exclusión: esperar. Esperar por diagnóstico. Esperar por terapia. Esperar por un Estado que dice reconocer derechos, pero no logra garantizarlos.
La realidad del CAID, especialmente en Santiago, desnuda una verdad: la demanda supera con creces la capacidad, y esa brecha no es técnica ni circunstancial. Es política. Es estructural. Cada mes sin atención es un retroceso en el desarrollo, una carga emocional para las familias y una deuda ética para el país.

La discapacidad no puede seguir tratándose como un favor estatal ni como un problema administrativo. Es una responsabilidad colectiva, constitucional y humana. No basta con buenas intenciones ni discursos de inclusión mientras las listas de espera crecen y la angustia se acumula.
Desde Vértice Crítico afirmamos con claridad: la espera también discapacita.
Urge inversión real, expansión inmediata de servicios, descentralización efectiva y voluntad política sostenida. Porque cada niño sin atención hoy es una exclusión que mañana se multiplica.
La dignidad no puede esperar.
La inclusión no puede seguir en lista.

































