Activistas sociales, profesionales y dirigentes sindicales exploran la creación de un frente que convoque a los no afiliados y enfrente la desconfianza creciente hacia la política dominicana.
Por José Espinal Marcelo.

En Santo Domingo, un grupo de activistas sociales, profesionales y referentes del sindicalismo dominicano ha comenzado a explorar la creación de un frente político-social que aspire a reagrupar a ciudadanos sin afiliación partidaria, en un contexto marcado por el desencanto y la apatía hacia la clase dirigente. La iniciativa, todavía en fase embrionaria, se presenta como un intento de reconstrucción cívica más que como una plataforma electoral inmediata.

El encuentro, celebrado a puertas abiertas, reunió a figuras con trayectorias diversas en el ámbito social, comunitario y gremial. Entre los promotores figuran Ramón Fondeur Silvestre, Anselmo Ramírez, el doctor Wilson Roa, periodista Leandro Campos, Roberto Santiago, Héctor Darío, el poeta Domingo Acevedo y la histórica dirigente sindical Isabel Tejada, conocida como “Chavela”. Sus perfiles, anclados en luchas sectoriales y reivindicaciones laborales, buscan ahora un punto de convergencia más amplio.
Según explicaron participantes del diálogo, la convocatoria no es para fundar un nuevo partido en el corto plazo, sino articular una plataforma de concertación capaz de integrar a profesionales, jóvenes, trabajadores informales y sectores comunitarios que declaran sentirse ajenos a las estructuras partidarias tradicionales. En un país donde la participación electoral convive con una extendida desconfianza hacia la política institucional, la apuesta consiste en canalizar el malestar sin transformarlo en abstención permanente.
Los organizadores sostienen que el “pesimismo democrático”

(como lo describió el abogado Ramón Fondeur Silvestre, uno de los asistentes) no se resuelve con consignas, sino con espacios deliberativos sostenidos. La propuesta preliminar incluye la realización de encuentros regionales, mesas temáticas sobre inseguridad ciudadana y alimenticia, servicios públicos y transparencia, así como la elaboración de un documento programático que priorice reformas concretas antes que promesas de coyuntura.
Para sus impulsores, la fragmentación social y la lógica clientelar han debilitado los canales de representación. El eventual frente buscaría diferenciarse mediante mecanismos internos de consulta y la incorporación de ciudadanos y ciudadanas excluidos de las riquezas nacionales, en un intento por renovar los metodos organizativos. No obstante, el desafío será traducir el capital simbólico de sus figuras en una estructura estable y territorialmente efectiva.
El escenario político dominicano, dominado por grandes maquinarias partidarias, no ofrece terreno fácil para iniciativas transversales. Las experiencias previas de coaliciones sociales han enfrentado dificultades para sostener cohesión y financiamiento. A ello se suma la tentación de cooptación por parte de actores establecidos, un riesgo que los promotores reconocen, aunque afirman querer evitar mediante reglas claras de autonomía.
Por ahora, el proyecto se define como un laboratorio ciudadano más que como una alternativa electoral formal. Sus impulsores apuestan a que, en una sociedad donde la mayoría expresa desconfianza hacia la política, la reconstrucción del vínculo entre ciudadanía y representación comenzará, paradójicamente, fuera de los partidos. Queda por ver si este ensayo colectivo logrará convertirse en fuerza organizada que una el descontento nacional en una política unitaria capaz de desplazar del poder político a la partidocracia que ha gobernado la Republica Dominicana.

































