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República Dominicana reabre debate sobre semana laboral reducida en medio de escepticismo empresarial

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Reducción horaria
Reducción horaria

Gobierno impulsa reducción de jornada como apuesta por bienestar y productividad del trabajador

Por José Espinal.

Santo Domingo. La propuesta de reducir la jornada laboral en la República Dominicana ha cobrado nuevo impulso, esta vez con un énfasis claro: colocar la calidad de vida del trabajador en el centro de la política económica.

Eddy Olivares, ministro de trabajo
Eddy Olivares, ministro de trabajo

El ministro de Trabajo, Eddy Olivares, sostiene que avanzar hacia una semana de 35 horas, además de una reforma administrativa, constituye un reajuste estructural en la forma en que el país concibe el empleo formal. Según el funcionario, jornadas más cortas, sin reducción salarial, pueden traducirse en mayor concentración, menor desgaste físico y mental, y una productividad más sostenible en el tiempo.

La iniciativa retoma el Plan Piloto Voluntario implementado en 2024, que reducía la jornada de 44 a 36 horas durante seis meses. Aunque los resultados oficiales no fueron divulgados, el Ministerio asegura que existe evidencia internacional suficiente para profundizar el experimento a mayor escala. El nuevo diseño, todavía en discusión, sería más amplio y permitiría la adhesión voluntaria de empresas interesadas.

Para el Gobierno, el debate no debe reducirse a una ecuación simple de horas versus costos. Olivares ha defendido que la salud mental, la estabilidad emocional y la conciliación familiar son variables económicas de primer orden en un mercado laboral cada vez más competitivo. “No se trata de trabajar menos, sino de trabajar mejor”, ha señalado en distintas intervenciones públicas.

La discusión ha generado posiciones diversas en el sector privado. El Consejo Nacional de la Empresa Privada (CONEP) ha planteado que cualquier reforma debe ajustarse al contexto productivo nacional y estar respaldada por datos medibles. Sin embargo, el Ejecutivo insiste en que una transición gradual y voluntaria permitiría evaluar impactos sin imponer cargas inmediatas.

Economistas advierten que la sostenibilidad de la medida dependerá de aumentos reales en la productividad. Algunos, como Apolinar Veloz, subrayan que reducir horas sin mejoras significativas en eficiencia podría ejercer presión en ciertos sectores. El Ministerio responde que precisamente una fuerza laboral menos agotada es un motor para alcanzar esos incrementos.

El Gobierno también apunta a experiencias internacionales. En Países Bajos, donde la jornada promedio ronda las 32 horas, y en Alemania, con cerca de 36 horas, los niveles de productividad por hora se encuentran entre los más altos de Europa. Aunque las estructuras económicas difieren, las autoridades consideran que la tendencia global hacia modelos más flexibles marca una dirección inevitable.

En el trasfondo del debate está una redefinición del contrato social laboral. La propuesta sugiere que el crecimiento económico no debe medirse únicamente en expansión del PIB o reducción del desempleo, sino también en la dignidad del tiempo del trabajador.

Si prospera, la reforma podría convertirse en uno de los cambios más significativos en la legislación laboral dominicana en décadas, no tanto por la reducción de horas en sí, sino por el mensaje implícito: el capital humano no es una variable ajustable del sistema productivo, sino su eje central.

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