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ATENTADO DEL EMPRESARIADO DOMINICANO A LA PAZ LABORAL.

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Autor: Miguel Medina L. | Vértice Crítico.

La entrada en vigencia de la Ley 16-92, Código de Trabajo de la República Dominicana, si bien representó importantes conquistas a favor de los trabajadores, no menos cierto es que, con ese nuevo marco jurídico regulador de las relaciones laborales entre el empresariado y su fuerza de trabajo, se inauguró uno de los períodos más dilatados de paz y armonía laboral en el país.

La superación de injustas inequidades, a través de nuevos y mayores beneficios a favor de la clase trabajadora y, sobre todo, la instauración de un procedimiento laboral expedito y la creación de una jurisdicción especializada (Juzgados y Cortes de Trabajo) para dirimir los contenciosos surgidos en las relaciones de trabajo representaron trascendentales cambios a favor de tan importante motor del desarrollo económico.

Esas importantes reivindicaciones en beneficio de una de las partes contribuyeron, de forma indiscutible, a superar un período de convulsiones y protestas impulsadas por un vigoroso movimiento sindical que se fue fortaleciendo al compás de las injusticias y desigualdades sociales imperantes durante la vigencia del llamado Código Trujillo del Trabajo y la obsoleta Ley 1896 sobre Seguros Sociales.

Si pasáramos un balance desapasionado, 34 años después de la entrada en vigencia de la Ley 16-92, podemos concluir, sin ninguna duda razonable, que la parte más beneficiada de la referida reforma laboral fue el empresariado dominicano. Basta observar el crecimiento sostenido de la economía dominicana durante casi tres décadas y el desarrollo experimentado en todas las áreas productivas.

Sin embargo, en ese mismo período, aunque las precariedades de los trabajadores no son las mismas, se puede afirmar, tomando como base las estadísticas del Banco Central de la República Dominicana, que los salarios mínimos están muy por debajo de la canasta familiar básica y que la Seguridad Social no ha cumplido su cometido a favor de la clase trabajadora.

No obstante la inequidad que ha representado un crecimiento y una bonanza económica empresarial, a los que la fuerza de trabajo aporta en gran medida, persiste una redistribución tan injusta de las riquezas que no permite que quienes producen bienes y servicios puedan percibir un salario que les permita adquirir lo mínimo para sobrevivir.

Hoy, un empresariado que parece voraz e insaciable procura, con desenfrenada agresividad, imponer a través del Congreso Nacional una contrarreforma laboral, reduciendo derechos en abierta violación al artículo 62 de la Constitución de la República, relativo al derecho fundamental al trabajo. Esta normativa, de manera expresa, señala en su numeral 7 que toda modificación a los derechos laborales debe operar en beneficio del trabajador, derecho considerado progresivo, jamás regresivo, como pretende la patronal dominicana.

Las conquistas alcanzadas durante décadas de lucha de la clase obrera pretenden ser eliminadas, desnaturalizando los pilares fundamentales en que se ha asentado históricamente el derecho del trabajo a nivel universal.

Eliminar el derecho a cesantía cuando el empleador decide unilateralmente, sin alegar causas, ponerle término al contrato de trabajo, despojando a un padre o a una madre de familia de la posibilidad de su sustento, será una compuerta abierta de par en par para que se cometan arbitrariedades e injusticias espeluznantes.

El propósito de flexibilizar la jornada laboral e imponerle al trabajador jornadas de hasta 12 horas diarias y, sobre esa extendida jornada, que rompe las tradicionales convivencias sociales, imponer el incremento de horas extraordinarias representa perjuicios graves para los trabajadores.

Eliminar disposiciones cuya supresión desnaturalizaría la celeridad de los procedimientos ante los tribunales de trabajo y anularía la presión para que el empleador condenado por violación a la legislación laboral tenga que cumplir con la sentencia sancionadora representa un retroceso.

Los empleadores, si quieren seguir disfrutando de la paz laboral que tantos beneficios les ha reportado, deben permitir una reforma que incremente los beneficios de los trabajadores dominicanos, que les garantice crecer mínimamente, y no pretender arrebatarles, aprovechando las debilidades y traiciones sindicales, las conquistas logradas hace 34 años.

Si la patronal logra imponer su contrarreforma, si apuesta a profundizar las desigualdades y continúa agravando inequidades e injusticias, cosechará un torrente de perturbaciones sindicales y convulsiones sociales. Será cuestión de tiempo.

Habrán matado la gallina de los huevos de oro: LA PAZ LABORAL Y SOCIAL.

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