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11.ª Entrega | Investigación y posgrado: cuando la UASD debe pasar de enseñar conocimiento a producirlo.

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11.ª Entrega del análisis del Programa de Gestión 2026-2030 del rector Jorge Asjana David | Vicerrectoria de Investigación y Posgrado.

La propuesta de la Vicerrectoría de Investigación y Posgrado para el período 2026-2030 plantea uno de los desafíos más profundos de la nueva gestión: convertir la investigación, la innovación y la formación avanzada en componentes estructurales del desarrollo académico y de la relación de la UASD con la sociedad.

José Espinal Marcelo | Foto Ángel Peralta.
José Espinal Marcelo | Foto Ángel Peralta.

Por José Espinal Marcelo | Vértice crítico. 

Hay una pregunta que muchos nos hemos hecho alguna vez los pasillos de la Universidad Autónoma de Santo Domingo, ¿cuánto del conocimiento que producimos logra realmente salir de las aulas, convertirse en investigación y ayudar a comprender o resolver los problemas del país?

La pregunta no pretende desconocer lo que la UASD ha hecho. Sería injusto. En nuestra universidad existen investigadores, institutos, revistas, proyectos y profesores que durante años han sostenido una producción científica muchas veces con recursos limitados y sin el reconocimiento que merece su trabajo.

Pero también sabemos, quienes conocemos la vida universitaria desde dentro, que todavía existe una distancia considerable entre la enorme capacidad intelectual de la institución y lo que finalmente logramos convertir en investigación sistemática, publicada y socialmente aprovechable.

Ahí encuentro uno de los mayores desafíos de la gestión universitaria que comienza.

La propuesta para la Vicerrectoría de Investigación y Posgrado, contenida en el programa de gestión 2026-2030 del rector Jorge Asjana David, entra precisamente en ese terreno, cómo conseguir que investigar deje de depender, en buena medida, del esfuerzo aislado de determinados académicos y se convierta en una práctica institucional mucho más extendida.

No es un asunto sencillo.

Investigar requiere tiempo, recursos, laboratorios donde sean necesarios, acceso a información científica, acompañamiento metodológico, financiamiento y, quizás lo más difícil, una cultura universitaria que valore la producción de conocimiento con la misma fuerza con que históricamente hemos valorado la docencia.

Por eso, al leer esta parte del programa de gestión, hay una aspiración que merece particular atención: transformar a la UASD de una universidad predominantemente docente en una universidad investigadora con liderazgo regional.

Esa frase puede parecer una más dentro de un programa universitario. No lo es.

Si se lleva hasta sus últimas consecuencias, supone cambiar una parte importante de la manera en que entendemos la universidad.

La UASD ha enseñado durante generaciones. Ha formado médicos, abogados, educadores, ingenieros, economistas, artistas, comunicadores y profesionales de prácticamente todas las áreas del conocimiento. Esa contribución al país resulta incuestionable.

El nuevo desafío es conseguir que esa extraordinaria concentración de talento humano produzca mucho más conocimiento propio.

Que nuestros profesores no solamente enseñen lo que otros investigaron.

Que nuestros estudiantes aprendan también investigando.

Que los problemas dominicanos entren a los laboratorios, institutos, centros y programas de posgrado de la universidad.

Y que las respuestas que allí encontremos puedan regresar a la sociedad convertidas en conocimiento útil.

De impartir conocimiento a producirlo

Aquí está, a mi juicio, el núcleo conceptual de la propuesta.

Una universidad moderna no puede medir su fortaleza exclusivamente por el número de estudiantes matriculados, profesores contratados, carreras impartidas o profesionales graduados. Esos indicadores son importantes, pero resultan insuficientes para determinar su verdadera gravitación académica.

También debe preguntarse cuánto investiga, qué publica, qué problemas ayuda a resolver, cuántas innovaciones produce y qué capacidad tiene para intervenir científicamente en los grandes debates nacionales.

La investigación no puede ser un apéndice de la actividad universitaria. Tiene que atravesar la docencia, el posgrado y la extensión.

Esto significa que el estudiante debe entrar en contacto con la investigación desde su formación de grado; que el profesor debe disponer de condiciones para investigar además de enseñar; y que maestrías y doctorados deben convertirse en espacios reales de generación de nuevo conocimiento.

De alcanzarse ese cambio, estaríamos hablando de una transformación cultural y no simplemente administrativa.

El posgrado como espacio de producción intelectual

El fortalecimiento del posgrado adquiere entonces una importancia estratégica.

Una maestría no debería limitarse a representar un nivel académico superior ni un doctorado convertirse solamente en la culminación de una trayectoria profesional. El cuarto nivel constituye uno de los principales espacios desde donde una universidad puede ampliar las fronteras del conocimiento.

Eso obliga a revisar calidad, pertinencia, investigación, internacionalización y vinculación de los programas con las necesidades del país.

La República Dominicana necesita investigadores de alto nivel en salud, educación, ingeniería, medioambiente, ciencias sociales, economía, inteligencia artificial, producción agropecuaria, cultura, humanidades y muchas otras áreas.

La UASD, por su condición de universidad pública y por su presencia territorial, tiene una responsabilidad particular en esa tarea.

El posgrado debe formar especialistas, pero también científicos, investigadores y pensadores capaces de producir respuestas propias a nuestros problemas.

Investigar los problemas reales del país

Existe otro aspecto que considero fundamental: investigar no puede convertirse en producir documentos destinados únicamente a permanecer en repositorios universitarios.

La investigación adquiere una dimensión social cuando dialoga con la realidad.

¿Qué puede aportar la UASD frente al cambio climático?

¿Qué investigaciones puede desarrollar sobre pobreza, movilidad urbana, salud pública, seguridad alimentaria, violencia, educación, productividad, transformación digital o desarrollo territorial?

¿Qué puede decir la universidad, desde la evidencia científica, sobre las políticas públicas que necesita la República Dominicana?

Ahí está una de las mayores posibilidades de esta propuesta.

Una UASD con una política de investigación fortalecida puede convertirse en un enorme laboratorio nacional de pensamiento y soluciones.

Y esa capacidad tiene un valor adicional: permite que las decisiones públicas no dependan únicamente de percepciones, intereses coyunturales o consultorías externas, sino también del conocimiento producido por la principal universidad estatal del país.

Investigar desde toda la UASD

Pero hay una condición que no debería perderse de vista.

La investigación no puede concentrarse exclusivamente en la sede central.

Si en entregas anteriores hemos defendido una verdadera descentralización universitaria, esa concepción tiene que alcanzar también la producción científica.

Los recintos, centros y subcentros están insertos en territorios con realidades económicas, ambientales, culturales y sociales distintas. Precisamente por ello poseen un enorme potencial investigador.

Santiago puede investigar los procesos productivos y urbanos del Cibao; San Juan, la agricultura y la seguridad alimentaria; Barahona, las dinámicas ambientales y fronterizas del Sur; Puerto Plata, turismo y desarrollo costero, y así sucesivamente.

La territorialización de la investigación permitiría algo extraordinariamente importante: que la UASD piense el país desde el territorio y no solamente desde Santo Domingo.

Ciencia sin financiamiento es una aspiración

Toda propuesta de investigación termina enfrentándose a una realidad incómoda: investigar cuesta dinero.

Se necesitan laboratorios, bases de datos, bibliotecas actualizadas, equipos tecnológicos, financiamiento para proyectos, movilidad académica, publicaciones, incentivos y tiempo para investigar.

Por eso, uno de los mayores desafíos de la Vicerrectoría será convertir las aspiraciones programáticas en una política presupuestaria sostenible.

No basta con proclamar que la investigación constituye una prioridad. El presupuesto universitario tiene que demostrarlo.

Y aquí aparece también la necesidad de ampliar la capacidad institucional para obtener fondos nacionales e internacionales, desarrollar alianzas científicas y participar competitivamente en convocatorias de investigación.

La universidad debe financiar ciencia, pero también aprender a captar recursos para producirla.

Publicar, compartir y hacer visible el conocimiento

Existe además un problema que con frecuencia pasa inadvertido: una investigación que nadie conoce tiene un impacto limitado.

La producción científica necesita mecanismos adecuados de difusión.

Fortalecer revistas académicas, repositorios institucionales, publicaciones indexadas y redes internacionales de investigación resulta imprescindible para aumentar la presencia científica de la UASD.

Pero la divulgación tampoco debe limitarse al circuito especializado.

La sociedad que financia una universidad pública tiene derecho a conocer qué descubre, qué investiga y qué soluciones propone esa universidad.

Necesitamos científicos capaces de publicar en revistas especializadas, pero también una institución capaz de traducir ese conocimiento para que llegue a comunidades, medios de comunicación, instituciones públicas y ciudadanía.

Democratizar el conocimiento también forma parte de la misión de la universidad pública.

El desafío de la cultura investigativa

Quizás el obstáculo más complejo no sea tecnológico ni presupuestario.

Es cultural.

Una universidad investigadora no se construye solamente comprando equipos o creando reglamentos. Se construye cuando investigar comienza a formar parte de la vida cotidiana de la institución.

Cuando el estudiante pregunta.

Cuando el profesor investiga.

Cuando las escuelas producen conocimiento.

Cuando las facultades trabajan interdisciplinariamente.

Cuando los recintos estudian sus territorios.

Cuando los posgrados generan ciencia.

Y cuando las autoridades toman decisiones apoyadas también en evidencia.

Ese cambio requiere tiempo y continuidad. Una gestión rectoral puede impulsarlo, pero convertirlo en cultura institucional exige que sobreviva a los períodos electorales y a los cambios de autoridades.

Una oportunidad que debe medirse por resultados

La propuesta de Investigación y Posgrado del programa de gestión de Jorge Asjana David apunta hacia una transformación que considero necesaria para la UASD.

Sin embargo, como he sostenido a lo largo de esta serie, un programa adquiere verdadero valor cuando sus postulados pueden convertirse en políticas verificables.

Al finalizar el período 2026-2030 deberíamos poder preguntar cuántos proyectos de investigación aumentaron, cuánto creció la inversión, cuántas publicaciones científicas se produjeron, cuántos profesores y estudiantes se incorporaron a proyectos, cómo evolucionaron los programas de maestría y doctorado, qué alianzas internacionales se construyeron y, sobre todo, qué problemas del país ayudó la UASD a comprender o resolver.

Esos indicadores permitirán distinguir entre una aspiración correctamente formulada y una transformación realmente ejecutada.

Una universidad que piense al país

La UASD nació y creció ligada a las grandes luchas y transformaciones de la sociedad dominicana. Esa historia le otorga autoridad, pero también responsabilidades.

Hoy una de esas responsabilidades consiste en producir conocimiento.

El país necesita una universidad pública capaz de formar profesionales, pero también de investigar sus contradicciones, anticipar sus problemas, acompañar sus transformaciones y construir soluciones desde la ciencia y el pensamiento crítico.

Por eso, la Vicerrectoría de Investigación y Posgrado no debe verse simplemente como otra dependencia del organigrama universitario.

Puede convertirse en uno de los espacios desde donde se defina qué clase de universidad queremos construir durante los próximos años.

Una universidad que enseña reproduce conocimiento. Una universidad que investiga lo amplía. Y una universidad que consigue colocar ese conocimiento al servicio de su pueblo convierte la ciencia en una verdadera herramienta de transformación social.

Ese debería ser el horizonte.

Porque el desafío de la UASD para los próximos años no consiste solamente en continuar siendo la universidad que más dominicanos forma.

Consiste también en convertirse, cada vez más, en la universidad que estudia, interpreta y ayuda a transformar la República Dominicana.

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