
Por Henry Polanco | RD | Vértice Crítico

Como Irán no conduce su industria hacia la matanza humana, como sí lo hace el “complejo militar-financiero de EE. UU.”, Irán no busca la guerra, la resiste. De hecho, desde el triunfo de la Revolución de 1979, nunca ha atacado a nadie. El terrorismo ha sido siempre patrimonio de EE. UU.; bien lo saben los pueblos de la región. Irán cuenta con muchos miles de asesinados entre su población civil, científica, intelectual y militar, además del último gran dirigente.
Desde Eisenhower, el imperio viene poniendo sobre su mesa de objetivos el petróleo de Medio Oriente y, como el mundo ha visto, en la última guerra ha buscado el robo del petróleo. Al mismo tiempo, tenemos el ejemplo del bloqueo del estrecho de Ormuz, sin resultados inmediatos.
Como el imperio desprecia a los pueblos y gobiernos que se niegan a rendirse, no conoce la diplomacia ni el trato entre iguales que expresara la ONU en vida. Su camino conduce al expolio. El mismo Trump dijo sobre Venezuela, con lenguaje de pirata: “El botín es para el que gana”. Pues lo que le ocurre con Irán es que ha perdido en su agresión y ahora hace cálculos sobre un posible ataque con armas atómicas, que quiere que sean aceptables ante el mundo llamándolas “tácticas”.
Pero las respuestas a tales intenciones han sido contundentes. El jefe del Estado Mayor de las Fuerzas Armadas de Irán, señor Alí Abdollahi, dijo: “La respuesta de Irán, si nos agrede, será contundente y devastadora en todos los ámbitos militares”. Y añadió: “Que el enemigo no cometa un error de cálculo, pues hará frente a las amenazas nuevas y convencionales”.
Es que el desarrollo armamentístico ha convertido a las fuerzas iraníes en el muro defensivo de la nación y en un cuerpo nacional respetado por todos los países del entorno.
Ha quedado en evidencia que los enemigos de Irán no son lo que pretenden imponer a los ojos del mundo. Las fuerzas invasoras se han retirado por tierra y mar y han corrido a agruparse en el territorio ocupado por el ente colonial sionazi, que ejerce como principal base militar.
Ante semejante poder de Irán, los imperialistas manifiestan diferencias, hasta el punto de que Vance, vicepresidente de EE. UU., en medio de todos los conflictos internos y externos de su régimen, ha declarado que el unilateralismo se ha acabado, lo que pone más luz sobre su crisis interna y la guerra que los trumpistas quieren llevar contra Irán.
Aun así, otros personajes del “club de la muerte” apuestan por el empleo de armas atómicas. El grado de inhumanidad de los grandes financieros que están detrás del régimen de EE. UU. está al alza en la Bolsa neoyorquina: solo ven dólares. Parecen a Roma pidiendo la desaparición de Cartago.
Sin embargo, lo que ha producido en el resto del mundo es el sentimiento de que es un asunto mayor que un aviso. Es lo más grave: les indica que solo teniendo ese tipo de armas se puede disuadir al imperio y a su perro rabioso sionazi.
Hasta ahora, la guerra ha dado pie a la puesta sobre el terreno de la defensa iraní y el resultado es la demostración de su efectividad.
Aunque los ataques imperialistas han sido sobre objetivos, muchos de ellos civiles —recuérdese el que lanzaron el primer día contra las niñas de Minab y contra el ayatolá Khamenei y su familia, el 28 de febrero de 2026—, desde siempre se ha podido afirmar que, en alguna medida, ese tipo de actos eran previsibles, pues toda su historia se ve cuajada de crímenes de lesa humanidad. Lo que no imaginaban los imperialistas y sus sionazis es que la respuesta iraní fuese rápida y precisa, siempre sobre objetivos militares.
Ahora el imperio quiere aterrorizar con el uso de armas que desencadenarían, posiblemente, la desaparición de algunos países de la región. A esa amenaza, Irán ha respondido que su armamento más novedoso va a ser el freno a la arrogancia del imperialismo, que vive ajeno a los movimientos que se producen en todos los países del mundo para abrirse camino.
En todas las retinas se han quedado las imágenes de Gaza, Líbano y Yemen; antes fueron Irak y Afganistán como ejemplos, así como el saqueo impune contra Venezuela y el patio trasero del Caribe, dominados por lacayos.
En caso de una nueva agresión estadounidense-sionazi, la sorpresa puede ser para los agresores. Ellos creen que, como dijo alguno, hacen el fin para el resto; nunca ven el fin de su egolatría y arrogancia.
Lo primero que es posible que veamos es que, ante el bloqueo a Irán, este responda clausurando las infraestructuras energéticas de los colaboracionistas, y sentiremos todos el precipicio por el que cae el mundo, en el que, quieran o no, ya van por delante los imperialistas.
Trump, EE. UU. y sus ahijados tienen que aprender a decir cosas bien distintas a “operación económica más devastadora”, “aislamiento sin precedentes” y “hacer desaparecer una civilización”. Es posible que Irán les dé la primera lección en su arrogancia decadente.





































