Teherán y Washington elevan el tono en un conflicto que ya entra en su segunda semana, mientras crecen las víctimas y disminuyen las perspectivas de una salida diplomática.
Por Redacción internacional de Vértice critico.

La confrontación entre Irán y Estados Unidos se adentra en una fase de mayor incertidumbre. Mientras en Washington el presidente Donald Trump insiste en describir la ofensiva militar como una “excursión a corto plazo”, dirigentes iraníes advierten que el país se prepara para una guerra prolongada y prometen responder con mayor dureza a los ataques.

Desde Teherán, el presidente del Parlamento iraní, Mohammad Bagher Ghalibaf, acusó a Estados Unidos de atacar zonas civiles y sostuvo que esas acciones tendrán consecuencias “incontrolables”. En un mensaje difundido en la red X, afirmó que Irán responderá “con dureza y sin vacilación”, señalando que las declaraciones del propio mandatario estadounidense equivalen (según su interpretación), a admitir que la ofensiva no distingue entre objetivos militares y población civil.
Los bombardeos contra territorio iraní, iniciados a finales de febrero por Estados Unidos e Israel, han causado centenares de víctimas y la destrucción de instalaciones estratégicas, según fuentes oficiales iraníes. Teherán ha respondido con ataques de misiles y drones contra Israel y con operaciones contra intereses estadounidenses en varios países del Golfo, además de Jordania e Iraq.

En Washington, sin embargo, el presidente Trump mantiene un tono distinto. Durante un encuentro con legisladores republicanos en Florida, calificó la operación militar como una intervención limitada destinada a “hacer lo necesario” frente a lo que describió como el comportamiento hostil de Irán. “Esto será una excursión a corto plazo”, aseguró, reiterando que la campaña podría concluir pronto.
Pero desde el entorno del liderazgo iraní se transmite una lectura opuesta. Kamal Kharazi, asesor de política exterior de la oficina del líder supremo, declaró en una entrevista televisiva que su país está preparado para sostener una confrontación prolongada y no descarta ampliar los ataques contra Estados aliados de Washington en el Golfo Pérsico para generar presión económica.
“Ya no veo margen para la diplomacia”, afirmó Kharazi, quien acusó a la administración estadounidense de negociar mientras preparaba operaciones militares. A su juicio, solo un aumento de la presión internacional podría forzar el final de las hostilidades.
El conflicto, que ya ha provocado bajas en ambos bandos (incluidos soldados estadounidenses y centenares de civiles iraníes), también empieza a repercutir en la economía mundial, con el precio del petróleo al alza y crecientes llamados de gobiernos de la región para detener los ataques.
Entre la promesa estadounidense de una guerra breve y la determinación iraní de resistir durante más tiempo, el enfrentamiento parece avanzar hacia una escalada cuya duración y alcance siguen siendo inciertos.

































