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EL SILENCIO.

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José Espinal Marcelo, vicepresidente ejecutivo de Mass Media Vértice Crítico S.R.L.
José Espinal Marcelo, vicepresidente ejecutivo de Mass Media Vértice Crítico S.R.L.

José Espinal Marcelo (Dibujo Oscar Rodríguez).
José Espinal Marcelo (Dibujo Oscar Rodríguez).

Por José Espinal Marcelo | Vértice Crítico

He aprendido con los años que no siempre quien más habla es quien más tiene que decir. También he comprendido que no todo silencio es prudencia ni toda palabra es valentía.

Desde la semiótica, el silencio no es ausencia de palabras, también es un signo y, por tanto, produce significado. Una mirada que se aparta, una respuesta que nunca llega o una pausa ante una pregunta que pueden comunicar tanto como un largo discurso.

Hay silencios necesarios, el de quien escucha, el de quien piensa antes de responder, el que evita herir y el que acompaña respetuosamente el dolor ajeno. Pero existen otros, el silencio del miedo, de la conveniencia y de quien presencia una injusticia y decide mirar hacia otro lado.

Y está uno particularmente revelador, el silencio de quienes cuestionan cuando están abajo y dejan de cuestionar cuando llegan arriba.

Mientras están fuera reclaman transparencia; cuando entran, piden paciencia. Desde la oposición exigen explicaciones; desde el poder descubren las virtudes de callar. Es entonces cuando los principios comienzan a ser sometidos a la prueba de los intereses.

El poder también administra silencios. Una institución que evade una explicación comunica. Un funcionario que ignora reiteradamente una pregunta comunica. Un dirigente que calla ante el atropello cometido por los suyos también comunica.

El periodismo tampoco escapa de esta realidad. Un medio construye sentido mediante lo que publica, pero también mediante aquello que decide omitir. Se puede informar que una protesta provocó un gran congestionamiento y silenciar por qué protesta la gente. Tal vez no exista una mentira explícita, pero sí una verdad mutilada.

Por eso el pensamiento crítico exige mirar más allá de lo evidente, preguntarnos qué se dice, quién lo dice y, sobre todo, qué se está dejando de decir.

También nosotros cargamos nuestros propios silencios, el «gracias» pendiente, el «perdóname» que impidió el orgullo, la injusticia frente a la cual preferimos no buscarnos problemas.

No existe una fórmula para saber cuándo hablar y cuándo callar. Pero hay una frontera ética que considero fundamental, cuando nuestra tranquilidad depende de guardar silencio frente al daño causado a otro, callar deja de ser neutral.

Porque existe un silencio que piensa, escucha y respeta.

Pero también existe el que calcula, encubre y abandona.

Y algunas veces, cuando la conciencia nos pregunte qué hicimos frente a aquello que sabíamos que estaba mal, quizás nuestra peor defensa sea responder:

«Yo nunca dije nada».

Precisamente ahí puede estar el problema.

José Espinal Marcelo | Vértice Crítico

La crítica también es un acto de creación.

 

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